Los dioses de sí mismos, de J.J. Armas Marcelo, fue una novela a la que persiguió la controversia incluso desde antes de su publicación en abril de 1989, toda vez que en marzo de aquel año el autor canario había logrado con el escrito original (de revelador
título: Los compañeros de viaje) el V Premio Internacional de novela Plaza & Janés en unas circunstancias extrañas que tuvo a bien airear una prensa conservadora (ABC) que, curiosamente, habría de acoger los textos de opinión de Armas Marcelo poco tiempo
después. No era para menos: Los dioses de sí mismos se leyó como una novela política donde la crítica feroz al Partido Socialista y a Felipe González engullía el ostinato de una tesis explícita que no era otra que la que resumía la sentencia del endiosamiento: los
socialistas habían traicionado las expectativas generacionales de la izquierda del 68, primero, y de la Platajunta, después. Libro oportuno y oportunista (recientes la conmemoración de los veinte años de mayo del 68, las huelgas estudiantiles del
otoño/invierno de 1986/1987, y señaladamente la huelga general del 14 de diciembre de 1988), la novela de 1989 no solo marca el arranque de un nuevo desencanto, muy interesado, que se extrae del tiempo elidido de la Transición, sino también el de la
fractura de la prensa y autores culturales en bandos felipistas y antifelipistas, en feroz lucha de facciones hasta el triunfo del Partido Popular en las elecciones generales de 1996. El ajuste de cuentas de 1989 propició que Armas Marcelo fuera parroquiano
asiduo de las publicaciones del Grupo Z (desde terceras del ABC, hasta colaboraciones en Tiempo o en el propio Cultural del periódico fundado por Luca de Tena…). Instalado en una facción, el ajuste de cuentas proseguiría hasta el mencionado 1996, bien desde la
faction entendida como non-fiction literature, donde debería situarse la crónica Los años que fuimos Marilyn, publicada a finales de 1995, como, una vez más, desde la más pura ficción: una nueva edición, muy corregida, de Los dioses de sí mismos sale de los
Talleres Gráficos de Unigraf, para Alfaguara, en febrero de 1996, escasos días antes de las elecciones del 3 de marzo. Se cerraba, con la reedición, un ciclo. El análisis de la trascendencia y una lectura contextualizada (estrictamente contemporánea pero también
dentro del discurso de relectura y percepciones interesadas de los años de la Transición) de Los dioses de sí mismos, así como del enriquecimiento unilateral de aquéllas a la luz de las correcciones de la segunda edición y de los datos, testimonios y hechos (facts)
expuestos en Los años que fuimos Marilyn, constituyen los objetivos de la Ponencia presentada al Congreso.